miércoles, 3 de febrero de 2010

Érase una vez, una chica con Niqab...

Esta noche he cenado fideos chinos, como los que comía en mi pisito del barrio cairota de Dokki, junto a la calle principal, metida en mi cuarto con el aire acondicionado siempre a tope. Creo que fue entonces cuando me comí los últimos... un año y medio sin fideos chinos, es todo un récord para mí. 
Y desde este punto, he creado una cadena de pensamientos que me han llevado desde los fideos chinos hasta algo bastante curioso que ocurrió en mi última visita a El Cairo.

El caso es que aquel día había quedado con un buen amigo a quien no veía a menudo en mis viajes a causa de sus ausencias de la capital por el servicio militar. Es gracioso pero  quedemos donde quedemos y hagamos lo que hagamos, en un punto del viaje siempre pasamos por la plaza Tahrer, creo que es una especie de tradición de la que no somos conscientes pero que siempre nos empeñamos en cumplir.
El caso es que yo tenía que irme pronto, coger un Taxi amarillo e ir a la ciudad de la Victoria (Nasr City, una zona llena de tiendas algo alejada del casco antiguo de la ciudad), así que estábamos disfrutando del último rato juntos, charlando y haciendo fotos: habían estado "regando" el césped y se habían formado charcos bastante grandes, algunos de los cuales parecían pequeños lagos en el centro de la plaza. Nos alejábamos del charco, riendo, cuando una chica cubierta con niqab negro le paró porque quería conocerme, quería ser mi amiga (?). Exacto, esa fue la cara que se me quedó, nadie de pronto decide que quiere ser amig@ tuy@ sin conocerte de nada. He de decir que me sentí halagada cuando él me explicó que "ella" me había estado observando desde hacía unos minutos, que le había caído bien y que le parecía muy guapa. Creo que me ruboricé. Así que después de una charla de diez minutos parados en la acera como tres monigotes, fuimos a tomar un zumo de mango, mientras mi nueva amiga me cogía de la mano para conducirme entre las callejuelas llenas de gente que rodean la plaza. Y qué rico estaba el zumo de mango.
Al final, ella me dio su teléfono y yo le di el mío y le prometí llamarla la próxima vez que volviera a El Cairo, promesa que tengo intención de cumplir. 
El mito de "anti-occidentalismo" que, a veces, rodea a las chicas que usan niqab queda roto con historias como ésta. Si bien cada cual es libre de usar su libertad de la manera que crea más propicia, y nadie ha de imponérsela o impedírsela, he de decir que la humanidad de esta persona que se tomó la molestia de ir más allá de los clichés para conocerme por el simple hecho de "haberle caído bien" bien se merecía este post.
Espero que esto aporte el granito de arena del que dispongo para romper el mito, acercar culturas y mostrar la cara más divertida de situaciones del día a día tan inesperadas como esta.


2 comentarios:

sorel dijo...

Ya sabes aquello de que el hábito no hace al monje. Los clichés son para que hablen de algo aquellos que se quedan en casa.

Por cierto, ¿tienes pensado volver por Egipto?

dav

Kristyna dijo...

Hola David!! :D
Tienes toda la razón, los clichés no sirven más que para crear polémica entre los que se aburren mucho e insisten en buscar la paja en el ojo ajeno.

La verdad es que este año quiero volver y quedarme una temporadita. Pero primero tengo que acabar cosillas aquí :)