sábado, 5 de octubre de 2013

Fin.

Después de una época de sequía creativa, ayer, de pronto... tuve la urgente necesidad de escribir, en medio de Sevilla, sin batería en el móvil ni papel y boli a mano. Salí corriendo a la papelería más cercana y allí pude comprar un cuaderno (azul, de rayas, sencillo) y un boli (bic azul, normal, de toda la vida) con los que poder llevar a cabo la necesidad repentina de vaciar lo que llevaba por dentro.
Parece que funcionó.
Y de pronto empezaron a manar palabras y más palabras, sin mucho sentido y casi nada con demasiada calidad, pero sirvió, una vez más, como método canalizador y catarsis para limpiar el dolor que llevaba dentro. Y me siento mejor.
He dejado de arrugar la frente, en un gesto de continua concentración, he relajado por fin los gestos de la cara y la velocidad de mis pasos. La tristeza permanece, pero se ha vuelto llevadera.
Y ahora... ahora ya sólo resta dejar trabajar al tiempo.

Fin.