jueves, 10 de octubre de 2013

Otoños olvidados

Y así es como llega el otoño, otro año más, al Aljarafe sevillano - y a muchos otros lugares del mundo. Así es como las noches comienzan a llegar antes a su cita, como el sol se despide más temprano y como las estrellas, revoltosas, fingen no saber cuánto brillan. Pronto, los floridos árboles se teñirán de rojo y caerán sus hojas arrugadas sobre las aceras de la gran ciudad. Sé que al pisarlas, crujirán, bajo mis botas y me concentraré entonces, en ese sonido que tanto me evoca. Pronto, no tanto tiempo a partir de ahora, comenzaré a abrigarme sin mesura, paquetes de clinecks permanentemente dentro del bolso y un pañuelo (probablemente, azul pavo real) colgando por fuera, balanceándose con ese ir y venir de los pasos adheridos a los paseos sin tregua.
Llega el otoño y no hay forma de remediarlo, una vez el verano nos repudie de forma cíclica. Y dando vocanadas, como arrepintiéndose de su marcha, envía durante unos días, un poco de calor nada acorde al tiempo otoñal que nos rodea. Creo que el verano nos echa de menos, tanto o más que nosotros a él. Yo, sin embargo, nunca olvidaré este verano y, desgraciadamente, creo que tampoco olvidaré este otoño que apenas estreno.
El rencor que le tengo al tiempo se irá entonces, cuando pueda caminar, con mi chaquetón negro y mis medias de colores, sobre la alfombra de hojas desprendidas de vida, crujientes, sonoras, como un pequeño océano de papel reciclado.
Creo que esta noche (de un otoño que me resisto a estrenar) tengo mucho sobre lo que pensar.
Os invito a que en este otoño, hagáis realidad todos los sueños de los otoños olvidados.