miércoles, 23 de octubre de 2013

Sin mi brazo en tu cintura

Un día como hoy nos despedimos
hace una luna,
cuando el sol reflejaba luz en la fachada blanca.
Y hoy mismo,
he utilizado el metro,
y he pasado frente al Origen,
donde escuché tu voz
aquel primer día.
Y entonces sentí
que nunca hasta entonces
había utilizado realmente mis oídos,
porque cada palabra,
cada sonido,
se sentía diferente.
Y hoy mismo,
he bajado en esa parada,
he tomado las escaleras que subían (pero no bajaban)
para llevarme frente a aquella ventanilla en la que te apoyabas
para verme llegar,
el segundo día.
Y hoy, he estado frente al río,
frente a los asientos de piedra
donde nos sentamos aquel tercer día
donde me tomaste del brazo para ir a la Feria,
donde me tomaste la mano,
y conseguiste que deseara
nunca jamás tomar otra que la tuya.
Y hoy, he estado reflejando mi alma
en el río, en esa misma calle,
por la que paseamos por primera vez,
tu brazo en mi cadera,
mi brazo en tu cintura,
a horas en las que no se sabe
si era aún de noche o ya de día.
Hoy ha sido un día difícil,
porque han derrotado una de las pocas esperanzas
que tenía de volver a verte.
Quién sabe si entonces me habrías recogido
en esa estación,
frente a las escaleras que suben (pero no bajan),
si nos hubiéramos sentado en esos asientos de piedra
aunque no enlazáramos las manos,
si hubiésemos paseado por esa calle reflejada en el río
aunque fuera sin tu brazo en mi cadera,
aunque fuera sin mi brazo en tu cintura.