lunes, 24 de febrero de 2014

La chispa

Ya no soy tu Siempre.
Ahora soy, con suerte, tu A veces.
Pero podría ser incluso peor
(aunque ahora mismo, no se me ocurre cómo).
Porque tus ojos me miran sin verme.
Porque tus sonrisas se espacian cada vez más.
Porque ya no se nos pasa el tiempo volando.
Porque ya, ni siquiera nuestra conjugación
hace que seamos capaces de olvidarmos del resto del mundo.
Dentro de mí nunca se apagó la chispa,
aunque momentáneamente dejara de brillar.
No puedo decir lo mismo, sin embargo,
de la chispa que brillaba entre los dos.
Me di cuenta que se ahogó, falta de aire
el mismo día en que intenté recordar
cuándo había sido la última vez que apareciste,
por sorpresa, en mis días,
que me diste un beso furtivo en la mejilla
o que ordenaste con tus dedos los pelitos de mis cejas
y... no fui capaz.