miércoles, 19 de febrero de 2014

No es lo que tenía pensado

Media hora sobrepasa la medianoche. Como la espuma del café que rebasa la taza inesperadamente. Esa que se recoge con la cuchara y sabe dulce. Al contraste de lo amargo, lo poco dulce incluso empalaga. El cabello cae despeinado sobre mis hombros, pero decido dibujar el contorno de mi cabeza, sujetándolos - incluso a los más alborotados - dentro de una gomilla. A mi derecha, el libro electrónico, con su salvapantallas gris de lo que cabe entender son - irónicamente - lápices de colores, parece recordarme que "Jesús me quiere" (David Safier) espera, pacientemente, en el 37%. Y yo pienso que eso sea probablemente más que un solitario grano de arena, me da igual de la playa a la que pertenezca e incluso, su color y textura. Porque hoy, justo antes de que un gran nubarrón tapara momentáneamente el sol, algunos mares y sus costas, se secaron un poquito.
Y, mientras escribo, me doy cuenta que no pensaba escribir hoy.
Porque el portátil descansaba resignado a la indiferencia temporal. Pero entonces una canción ha saltado en mi cabeza y he tenido que buscarla y escucharla y escucharla y volverla a escuchar. Y, de pronto me he dado cuenta que si bien ninguna de esas canciones son mías, durante un momento me pertenecen. Durante un instante, soy yo la que las canta en los escenarios.
Y mientras escucho las canciones a media voz de Andrés S., acepto tu reto leído entre líneas, escondido en esas palabras que resuenan en mi cabeza, aunque tú me las dijeras sin voz, aunque me las dijeras en silencio. Tienes razón: ya sé lo que tengo que hacer.