domingo, 9 de febrero de 2014

Un grano de arena

"Siempre he presupuesto - y comprobado en los peores momentos - el poder sanador de la escritura. Y pasan los días y, sin embargo, no encuentro nada que decir, nada que añadir a la extensa lista ya de cosas que he dicho, mas ni siquiera la mitad de las que quedan por decir. Pero no sé como retomar la pluma que entinta a través del mecánico teclear de mis huellas." (19 de enero)

Fuera llueve, la lluvia golpeando con furia los cristales de mi ventana, el viento arremolinado queriendo entrar, moviendo triunfal las cortinas. A través de las ventanas. A través de la persiana. He vuelto a casa, feliz de que a la semana apenas le queden dos horas de vida. Temiendo que la que viene, sin embargo, sea peor -aunque ésta ha dejado el listón alto.
Quizás no debería haberme bajado del coche.
Quizás debería haber mirado hacia atrás.
Quizás debería haber silenciado mis pensamientos o elegir otras palabras, yo que sé.
Quizás debería haberte pedido que te quedaras, un rato más.
Sin embargo, tu "adiós" dejaba poco margen de interpretación a tu deseo de no estar allí.
O mejor dicho, de no estar conmigo.
Y, siendo justos, tampoco tengo claro cómo me sentía estando allí.
O mejor dicho, como me sentía estando contigo

Supongo que, a veces, las palabras son insuficientes, cobardes testimonios de una situación que necesita algo más. Porque si no se tiene la llave, en el fondo da igual cuántas vueltas le des a la caja,
intentando abrirla. No sirven ganzúas, tarjetas, radiografías ni horquillas. 
Supongo que me da miedo que mi nunca se convierta en mi a veces.
Supongo que me da miedo que tu siempre se convierta en tu a menudo.
O, peor aún, en tu de vez en cuando.
Y suponiendo, me quedaré dormida, intentando borrar de mi memoria tu ausencia,
intentando borrar de mi mente la idea de que para solucionar los rozones causales
quizás no sea suficiente un grano de arena.